El autismo no presenta signos físicos visibles, lo que hace clave el rol de las instituciones educativas para advertir posibles casos en la primera infancia. Entre las señales de alerta se encuentran la limitada adquisición de vocabulario (menos de 10 palabras en la etapa inicial), dificultades para el control de esfínteres más allá de los 3 años y retrasos en la autonomía cotidiana.
Ramón compartió la experiencia de su hijo Lautaro, diagnosticado a los 3 años y medio, quien pudo avanzar gracias al acompañamiento terapéutico y al trabajo conjunto con la escuela. “Fue fundamental no solo para él, sino también para la institución, que aprendió a darle herramientas y a sostener su inclusión en la sala con sus compañeros”, señaló.
La referente subrayó que es clave que las familias comprendan que el autismo no es culpa de los padres y que el diagnóstico temprano, junto con el acceso al Certificado Único de Discapacidad (CUD), permite implementar apoyos necesarios para garantizar el derecho a la educación y la inclusión social.
El Grupo Autismo Esquel presentó en el Concejo Deliberante un proyecto de ordenanza para crear la figura de Auxiliar en Trastorno del Espectro Autista, con el objetivo de garantizar acompañamiento uno a uno a estudiantes desde jardín hasta secundaria.
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