El fuego, a pocos metros del camping
El incendio forestal que se desató en la zona del Parque Nacional Los Alerces mantuvo en vilo durante semanas al camping Bahía Solís. Según relató su administrador, el fuego llegó a estar a solo cinco o seis metros del alambrado, afectando gran parte del perímetro trasero del predio.
“En un 40 o 50% del camping lo teníamos prácticamente encima”, recordó Sarsa. En ese momento, el lugar se encontraba con ocupación casi completa, con entre 200 y 300 personas, más de 60 fogones y una temporada que recién comenzaba.

Evacuación de urgencia y una noche de incertidumbre
La situación se volvió crítica durante la tarde, cuando comenzaron a evacuar a todos los visitantes. “Fue un ‘ya se tienen que ir’, sin tiempo a nada”, explicó. Tras asegurarse de que nadie quedara en riesgo, Sarsa regresó junto a su equipo para retirar casillas, un grupo electrógeno y elementos esenciales.
“Cuando volvimos, el incendio ya estaba al lado del alambre. Era de noche, no se podía hacer nada más. Nos fuimos pensando que al otro día íbamos a encontrar todo perdido”, confesó.

El alivio tras la lluvia y un límite que no se cruzó
Contra todos los pronósticos, el fuego no ingresó al camping. A la mañana siguiente, solo quedaban algunos focos activos que pudieron ser controlados. “No lo podíamos creer”, aseguró.
Sarsa destacó el rol clave de la lluvia persistente, que no necesariamente dejó grandes milimetrajes, pero sí aportó humedad ambiental y redujo la intensidad del incendio. Incluso, en las zonas más altas se registraron nevadas, lo que ayudó a frenar el avance del fuego.

Guardia permanente y alerta por el viento
Aunque el peligro disminuyó, el riesgo no desapareció. “Todavía quedan dos o tres focos encendidos cerca del camping”, explicó. Por eso, el equipo mantiene guardias constantes, recorridas cada dos horas y turnos nocturnos, con autobombas y camionetas listas.
El principal temor ahora es el viento anunciado para el fin de semana, un factor que podría reactivar sectores aún calientes.
Un incendio que pudo evitarse
Con el paso de los días, llegó también la reflexión. “Estamos convencidos de que este incendio se podría haber evitado”, afirmó Sarsa. Si bien reconoció las condiciones extremas sequía, altas temperaturas y falta de lluvias, lamentó que un foco inicial “chico y minúsculo” haya terminado en un daño ecológico incalculable.
“El paisaje cambió. Cambió todo”, resumió.
Impacto económico y una temporada perdida
Las consecuencias no fueron solo ambientales. El incendio golpeó de lleno la actividad turística. “Enero está perdido”, reconoció el administrador. Aunque existe la esperanza de reabrir en febrero, la parte más fuerte de la temporada ya no podrá recuperarse.
Ahora comienza una etapa compleja: devolución de señas, reprogramación de reservas y reorganización económica. “Muchos clientes nos donaron la seña o nos dijeron que volverían más adelante. Eso emociona”, destacó.
Agradecimiento y cautela antes de reabrir
Sarsa remarcó que, aunque el camping se mantiene verde, intacto y en excelente estado, el acceso sigue siendo complicado y triste por el daño del entorno. “Ante todo está la seguridad, la nuestra y la de los visitantes”, subrayó.
Finalmente, agradeció el apoyo recibido: “Familia, amigos, trabajadores y clientes estuvieron al pie del cañón. Los mensajes fueron miles. No pudimos responder todo, pero el agradecimiento es total”.
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