El fenómeno que en los últimos días ocupó buena parte de la agenda internacional volvió a instalar una palabra poco conocida para el público general: GLOF, sigla en inglés para las inundaciones repentinas provocadas por lagos asociados a glaciares.
Sin embargo, en diálogo con Dante Lobos en el programa Otra vuelta de tuerca (Canal 4 y FM Sol 94.7), las especialistas remarcaron que lo ocurrido recientemente en Nepal no fue estrictamente un GLOF, ya que no habría intervenido un lago proglacial desarrollado. Se trató de un fenómeno encadenado, con desprendimientos de hielo y roca que ingresaron a una cuenca y generaron una enorme crecida aguas abajo.
La situación sirve, de todos modos, para mirar hacia nuestra propia cordillera. La Patagonia tiene antecedentes de estos procesos y actualmente existen investigaciones sobre nuevos escenarios de riesgo.
¿Qué es un GLOF?
En términos sencillos, un GLOF (acrónimo de Glacial Lake Outburst Flood) es una inundación repentina provocada por un lago asociado directamente a un glaciar.
Reato explicó que el retroceso de los glaciares deja detrás lagos, sedimentos y laderas que antes estaban contenidas por la masa de hielo. En determinadas circunstancias, un desprendimiento puede ingresar al lago, generar una gran ola o producir la ruptura de la barrera natural que contiene el agua.
“Quedan zonas de sedimentos sueltos, laderas desocupadas por el hielo que dejan de estar contenidas por esta masa de hielo y que son capaces de generar deslizamientos”, señaló.
El peligro, además, no está dado solamente por el agua. A medida que avanza una crecida repentina puede incorporar rocas, barro, hielo, troncos y otros materiales, aumentando su capacidad destructiva.

Torrecillas: un antecedente muy cerca de Esquel
La Patagonia ya tiene antecedentes concretos. En 2018 se produjo un GLOF en la cuenca del Glaciar Torrecillas, dentro del Parque Nacional Los Alerces.
Lorena Percudani explicó que la cuenca continúa siendo monitoreada porque no fue el único evento de inundación registrado allí y porque existen otros sectores del Parque Nacional donde también se identificaron procesos vinculados con el retroceso de los glaciares.
El episodio de Torrecillas también dejó una enseñanza concreta en materia de prevención. El nivel del arroyo llegó a aumentar hasta ocho metros, lo que llevó a modificar el recorrido de la senda turística.
“El riesgo existe cuando hay vulnerabilidad, o sea, cuando hay exposición a esa amenaza geológica”, explicó Percudani. Por eso, no alcanza con identificar un fenómeno natural: también hay que saber qué hay aguas abajo, quiénes están expuestos y qué infraestructura podría resultar afectada.
El Chaltén: un escenario bajo monitoreo
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la situación de El Chaltén, donde la geóloga Daniela Schmidt estudia desde 2021 el riesgo asociado a un posible GLOF.
A unos kilómetros aguas arriba de la localidad se encuentra la Laguna Torre, un lago proglacial formado a partir del retroceso del Glaciar Torre.
Según explicó Schmidt, ese retroceso dejó a una de las laderas del Cerro Solo con menor soporte basal. Desde fines de la década de 1990 comenzó a observarse un proceso de agrietamiento y, posteriormente, un aumento de la velocidad de movimiento de la ladera.

El escenario que estudian contempla que un desprendimiento parcial o total pueda ingresar a la Laguna Torre y generar un oleaje que afecte la morena que contiene el lago. Ese proceso podría provocar una inundación que avance por el río Fitz Roy hacia El Chaltén.
Schmidt aclaró que no es posible establecer cuándo podría ocurrir un fenómeno de estas características. La investigación busca identificar factores que puedan favorecer un movimiento brusco, como precipitaciones intensas o períodos de temperaturas elevadas.
“Como fenómeno geológico es muy difícil establecer una fecha de ocurrencia”, explicó. Por eso, el desafío es avanzar en un sistema de monitoreo que permita conocer en tiempo real qué está ocurriendo en la ladera y en la cuenca.

Cholila: un fenómeno que ocurrió décadas atrás
El riesgo tampoco es una cuestión completamente nueva para Chubut.
El geólogo Bruno Colavitto estudió el caso de la Laguna Derrumbe, en las nacientes del río Tigre, en la zona de Cholila, donde encontró evidencias de un antiguo evento de grandes dimensiones.

La investigación comenzó a partir de la presencia de enormes bloques de roca y depósitos de materiales en el área. La comparación de fotografías aéreas de 1950 con imágenes obtenidas durante una expedición de andinistas en 1964 permitió determinar que la laguna se había roto durante ese período.
“Son procesos que suceden repentinamente, que tienen una capacidad de daño muy grande”, sostuvo Colavitto.
El caso de Cholila muestra además que estos fenómenos no son exclusivos del presente ni de otras grandes cordilleras del mundo. Existen antecedentes en los Andes patagónicos que permiten estudiar cómo se produjeron y utilizar esa información para pensar estrategias de prevención.

No todos los lugares tienen el mismo riesgo
Uno de los conceptos que atravesó la entrevista fue la necesidad de no generalizar.
La presencia de glaciares y lagos proglaciales no significa automáticamente que exista un riesgo para una población. Para determinarlo hay que analizar cada cuenca, sus características y, fundamentalmente, qué personas o bienes pueden quedar expuestos.
Colavitto destacó la importancia de realizar inventarios periódicos de lagos y ambientes glaciares, para observar cómo evolucionan y detectar aquellos escenarios donde existe una mayor exposición.
“No alcanza solo con identificar los lagos”, advirtió, porque también pueden producirse colapsos de frentes glaciarios y otros procesos capaces de incorporar grandes cantidades de agua y sedimentos a una cuenca.

La prevención como herramienta
Para las especialistas, el desafío no pasa por anunciar una catástrofe sino por conocer los procesos y prepararse para escenarios posibles.
En el caso de El Chaltén, Schmidt explicó que todavía no existe un sistema de monitoreo en tiempo real ni una alerta temprana específica. La comunidad y distintas instituciones ya comenzaron a trabajar sobre la situación, pero queda por delante desarrollar mecanismos de monitoreo, protocolos de contingencia y eventuales planes de evacuación.
Percudani, por su parte, remarcó que la ciencia necesita traducirse en herramientas concretas para la gestión. Entre ellas mencionó sensores, estaciones meteorológicas, medición de niveles de lagos y ríos y sistemas capaces de transmitir información en tiempo real.
Una cordillera que está cambiando
Las geólogas y el geólogo coincidieron en que el retroceso acelerado de las masas de hielo durante las últimas décadas está modificando los ambientes de montaña.
Ese proceso no significa que toda la cordillera esté frente a un peligro inminente. Pero sí obliga a prestar atención a nuevos escenarios y a fortalecer el conocimiento sobre lo que ocurre en las nacientes de los ríos.
“La idea no es generar alarmismo, pero una oportunidad para avanzar en un sistema de monitoreo en tiempo real”, planteó Schmidt al referirse al interés que volvió a despertar el tema después del episodio de Nepal.
La conclusión de las especialistas apunta, en definitiva, a investigar, monitorear y prevenir. Porque la montaña está cambiando, y conocer esos cambios antes de que se transformen en una emergencia es una de las herramientas más importantes para reducir los riesgos.

Mirá la entrevista completa
¿Qué es realmente un GLOF? ¿Qué ocurrió en Torrecillas? ¿Cómo fue el fenómeno histórico de Cholila? ¿Qué escenario se estudia actualmente en El Chaltén? ¿Y qué herramientas existen para anticiparse a estos fenómenos?
Agustina Reato, Lorena Percudani, Daniela Schmidt y Bruno Colavitto analizaron estas preguntas en una entrevista especial de Canal 4.
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