El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) emitió una alerta fitosanitaria preventiva por la detección de nacimientos de tucura sapo (Bufonacris claraziana) en las provincias de Chubut, Río Negro y Santa Cruz.
La medida, publicada el 28 de octubre en el Boletín Oficial mediante la Resolución 816/2025, estará vigente hasta el 31 de marzo de 2026 y busca reforzar la vigilancia y las acciones de control temprano, en articulación con productores, municipios, el INTA y organismos provinciales.
El texto oficial advierte que el avance de esta especie endémica de la Patagonia representa una amenaza ambiental y económica, especialmente para los agricultores familiares y comunidades rurales que dependen de la ganadería extensiva.
“Se ven corderitos muertos al costado de la ruta”
Mientras el SENASA formaliza el alerta, la crisis ya golpea de lleno en la meseta chubutense. En diálogo con Otra vuelta de tuerca, el cura párroco de El Maitén, Gabriel Bilchi, relató la gravedad de la situación que viven los pequeños productores de su zona pastoral.
“El invierno fue seco, no nevó, no hubo pasto, y ahora lo poco que brota se lo comen las tucuras. Se ven corderitos muertos al costado de la ruta. Las madres, con hambre, los abandonan. Algunos pobladores intentan salvarlos dándoles leche, incluso leche vencida que conseguimos en supermercados”, contó.
Desde Cáritas Prelatura Esquel, institución que coordina junto a Bilchi una campaña solidaria para asistir a más de 80 familias rurales, piden donaciones de forraje, alimentos para animales y leche vencida para amamantar a los corderos huérfanos. “Aunque esté vencida, sirve para salvar algo”, explicó el sacerdote.

La plaga que “hizo colapsar todo”
La tucura sapo es una especie autóctona que cada tres años genera explosiones poblacionales. Según datos del INTA, en 2022 se registraron hasta 150 tucuras por metro cuadrado, muy por encima del umbral de control (entre 6 y 10).
Bilchi lo describe sin rodeos: “Este año es incontrolable. La magnitud hizo colapsar todo. Los pobladores hacen lo que pueden: cavan zanjas con nylon para que los insectos caigan y no puedan salir. Fumigar no sirve porque envenena a los animales”.
El sacerdote explicó que muchos ganaderos decidieron no fumigar porque las ovejas luego consumen las tucuras contaminadas y enferman. “El año pasado los corderos no se podían vender porque se sospechaba que estaban contaminados. Eso arruina la economía de la gente de campo, que vive de la lana y de la carne con la que compra mercadería y leña para pasar el invierno”, agregó.
Una mesa interinstitucional para el manejo regional
La resolución del SENASA dispone la creación de la Mesa Interinstitucional para el Manejo de Tucuras en la Patagonia Argentina (MTP), que reunirá a representantes del INTA, universidades, gobiernos provinciales y entidades del sector productivo.
El objetivo es coordinar estrategias de control, intercambio de información y acciones conjuntas que permitan contener la plaga y mitigar sus efectos.
Sin embargo, en el territorio la sensación es de soledad y falta de respuestas concretas. “Hay familias que hacen tómbolas para juntar fondos y sobrevivir. La gente siente que está sola. Nos dicen: ‘Padre, los únicos que vinieron fueron ustedes’”, relató Bilchi, quien se encuentra recorriendo la meseta para acompañar a los productores afectados.
Solidaridad y llamado a colaborar
Desde Cáritas Prelatura Esquel invitan a la comunidad a colaborar con la campaña solidaria en favor de las familias rurales afectadas por la plaga. Las donaciones se reciben en las parroquias de El Maitén, Cholila y Esquel, o a través del alias de Mercado Pago CaritasEsquel23.
“Los patagónicos somos curtidos y estamos acostumbrados a lucharla, pero este año la situación es muy dura. Con la compañía de Dios y la solidaridad de la gente, confiamos en salir adelante una vez más”, expresó Bilchi.
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