La comunidad educativa de la Escuela N° 25 de Lago Futalaufquen conmemoró este lunes el 20° aniversario del vivero «Niños del Lago», un proyecto que se convirtió en un símbolo de educación ambiental y restauración de los bosques nativos en la región.
Del acto participaron el intendente de Trevelin, Héctor Ingram, junto al coordinador de Gabinete, Livio Espinoza, y el director de Gobierno, Marcelo Sosa, quienes acompañaron las distintas actividades organizadas por la institución.
La jornada incluyó propuestas culturales, el descubrimiento de un mural y una placa conmemorativa, además de la plantación de árboles como parte de los festejos.
Un proyecto que nació después del fuego
Durante el acto, una de las frases más repetidas fue: «Nos duele que nuestros bosques se quemen», reflejando el espíritu que dio origen al vivero.
La iniciativa surgió en 2006, impulsada por alumnos y docentes, como respuesta al incendio forestal ocurrido un año antes en sectores del Parque Nacional Los Alerces, que avanzó hasta pocos metros de la escuela.
Desde entonces, estudiantes de distintas generaciones participaron en la recolección de semillas, su germinación y posterior plantación, logrando un resultado que hoy supera los 32 mil árboles implantados.
El reconocimiento a quienes hicieron crecer la iniciativa
El docente Luis Almendra, actualmente a cargo del vivero, destacó el trabajo realizado por quienes impulsaron el proyecto desde sus inicios, especialmente el exdocente Boris Saenz y la auxiliar Nina Baeza, además del compromiso sostenido de toda la comunidad educativa.
Por su parte, Saenz recordó algunos de los principales logros alcanzados por el vivero, que fue distinguido en los años 2007, 2009 y 2019, convirtiéndose en una referencia en materia de educación ambiental.
Al mismo tiempo, señaló las dificultades que enfrentó el proyecto a lo largo de los años y remarcó la importancia de sostener iniciativas que vinculan a los estudiantes con la conservación del entorno natural.
Educación ambiental con impacto real
A lo largo de dos décadas, el vivero «Niños del Lago» trascendió el ámbito escolar para convertirse en una herramienta concreta de restauración ambiental y concientización.
El proyecto permitió que cientos de estudiantes participaran activamente en el cuidado del bosque nativo, transformando una experiencia marcada por el impacto de los incendios en una propuesta de aprendizaje y compromiso con el ambiente que sigue creciendo año tras año.
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