En las últimas semanas, miles de publicaciones en redes sociales parecieron instalar una idea inquietante: que gran parte del mundo se volvió contra la Argentina, la Selección y hasta Lionel Messi. Pero, ¿esa percepción refleja realmente lo que piensa la mayoría de las personas?
Para el periodista especializado en inteligencia artificial y tecnología Esteban Magnani, la respuesta es clara. «El mundo no nos odia. Lo que ocurre es que el algoritmo premia aquello que genera más reacciones y más tiempo frente a la pantalla.»
En diálogo con Dante Lobos en el programa Otra vuelta de tuerca, el autor de La mano invisible detrás del algoritmo explicó que las plataformas digitales no priorizan los contenidos más verdaderos ni los más equilibrados, sino aquellos capaces de provocar emociones intensas.

El negocio del enojo
Magnani sostuvo que el funcionamiento de las redes responde a una lógica comercial muy simple. «Cuanto más tiempo pasamos mirando la pantalla, más publicidad nos muestran y más dinero ganan las plataformas.»
Por eso, explicó, los algoritmos favorecen publicaciones que generan indignación, bronca o miedo, ya que esas emociones impulsan a comentar, compartir y reaccionar mucho más que un contenido reflexivo.
Según señaló, muchas personas terminan creyendo que una tendencia viral representa la opinión de millones cuando, en realidad, puede tratarse de un fenómeno amplificado artificialmente por el propio algoritmo.

No vemos el mundo: vemos lo que el algoritmo elige
Durante la entrevista, Magnani explicó que las plataformas construyen un perfil muy preciso de cada usuario y muestran contenidos según aquello con lo que suele interactuar.
Así, dos personas pueden recibir versiones completamente diferentes de un mismo tema. «Al algoritmo le importa un bledo si el contenido es verdadero o falso. Lo único que le interesa es si genera engagement.»

Cuando la indignación se convierte en un negocio
El especialista también advirtió que muchas cuentas aprovechan estas tendencias para ganar visibilidad, conseguir seguidores y luego monetizar esa audiencia mediante publicidad o acuerdos comerciales.
En ese esquema, sostuvo, el gran beneficiado sigue siendo la plataforma. «El primer ganador es la red social. Mientras la gente siga discutiendo y consumiendo contenido, el negocio funciona.»
Las consecuencias salen de la pantalla
Magnani alertó que el problema trasciende Internet. Explicó que el consumo permanente de contenidos diseñados para generar conflicto está teniendo efectos concretos, especialmente entre adolescentes y jóvenes, con fenómenos como la polarización, la desinformación, la ludopatía digital y distintas formas de violencia.
«Es un alimento cognitivo muy peligroso», comparó, al señalar que muchos países ya comenzaron a restringir el uso de celulares y redes sociales entre menores.
Mirá la entrevista completa
La entrevista aborda además cómo funcionan los algoritmos, por qué las noticias falsas se viralizan más rápido que las verdaderas, quiénes ganan con la economía del «click» y qué papel juega la inteligencia artificial en la información que consumimos todos los días.
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