Cinco trabajadores dejaron el INTA Esquel y advierten que los recortes ponen al organismo “al límite”

Desde APINTA señalaron que cinco agentes de la Estación Experimental Esquel adhirieron al retiro voluntario impulsado por el Gobierno Nacional. Advierten que la reducción de personal, la falta de presupuesto para investigación y la posible reestructuración del organismo ponen en riesgo líneas estratégicas de trabajo construidas durante décadas.

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La profunda reestructuración que atraviesa el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) continúa generando preocupación entre trabajadores y referentes del sector. En la Estación Experimental Agroforestal INTA Esquel, cinco agentes adhirieron recientemente al programa de retiro voluntario, una medida que forma parte del plan de ajuste impulsado por el Gobierno Nacional.

En diálogo con Dante Lobos en Otra vuelta de tuerca, emitido por Canal 4 y FM Sol 94.7 de lunes a viernes de 9 a 11, Lucas Gallo, delegado gremial de APINTA en Esquel, aseguró que el impacto de estas desvinculaciones va mucho más allá de una reducción numérica de personal.

Según explicó, a nivel nacional se estima que alrededor de 900 trabajadores aceptaron el retiro voluntario, una cifra que se suma a jubilaciones, renuncias y otras desvinculaciones registradas desde fines de 2023.

Menos personal y menos recursos

Gallo sostuvo que el proceso responde a una política de reducción de la estructura estatal que viene profundizándose desde el inicio de la gestión de Javier Milei.

«Hay una amplia cantidad de gente que expresa el hartazgo por el destrato que se está viviendo, la escasa proyección que se da al trabajo y la pérdida salarial que hemos sufrido en estos dos años», afirmó.

A esa situación se suma la disminución de recursos para desarrollar proyectos de investigación y extensión. Según detalló, algunos equipos reciben partidas extremadamente reducidas para sostener actividades de campo.

«Nos están asignando alrededor de 100.000 pesos por trimestre para trabajar por proyecto. Con eso hay que desarrollar actividades, acompañar productores, realizar ensayos o capacitaciones», explicó.

La pérdida de conocimiento acumulado

Uno de los principales cuestionamientos del gremio es que los puestos que quedan vacantes no son reemplazados. Gallo advirtió que la salida de personal especializado implica perder capacidades construidas durante décadas y dejar sin cobertura áreas estratégicas.

Entre los ejemplos mencionó los bancos de germoplasma, donde se conservan semillas y materiales genéticos fundamentales para investigaciones futuras y programas de mejoramiento vegetal. «No es una biblioteca donde guardás algo y queda ahí. Son materiales vivos que requieren mantenimiento permanente. Si se pierde un banco de germoplasma, se pierde información genética acumulada durante años», señaló.

También alertó sobre la salida de especialistas en sanidad animal, manejo de residuos agropecuarios y otras áreas técnicas donde el INTA posee profesionales reconocidos a nivel nacional.

Cierre de agencias y venta de inmuebles

Respecto al futuro inmediato del organismo, el delegado gremial consideró que podrían continuar los cierres de agencias de extensión rural, una medida que ya comenzó a implementarse en distintas regiones del país. Según explicó, los trabajadores de esas dependencias podrían ser trasladados a otras sedes o quedar en disponibilidad si no son reubicados.

También manifestó preocupación por la continuidad de la política de venta de bienes del organismo. Como ejemplo mencionó la venta del histórico edificio de la sede nacional ubicado en Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, cuya operación fue cuestionada judicialmente por el gremio.

«Se había acordado que el 70% de lo obtenido por la venta volviera al INTA para financiar actividades propias, pero eso no ocurrió. Los fondos fueron directamente al Tesoro Nacional», aseguró.

Un INTA diferente al de años anteriores

Desde APINTA sostienen que la combinación de retiros voluntarios, jubilaciones, cierres de dependencias y restricciones presupuestarias está modificando profundamente la estructura del organismo.

De acuerdo con datos difundidos por el sector gremial y medios especializados, desde fines de 2023 hasta la actualidad cerca de 2.000 trabajadores dejaron el INTA entre retiros voluntarios, jubilaciones, renuncias y otras modalidades de desvinculación.

Para Gallo, el riesgo es que la institución pierda capacidad para generar investigación aplicada, asistencia técnica y transferencia tecnológica al sector productivo. «Hablan de eficiencia, pero eficientizar no es destruir. Lo que estamos viendo es una pérdida de capacidades que costaron décadas construir», concluyó.

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