Hay victorias que se miden en medallas y otras que se construyen mucho antes de cruzar una meta. La historia de Mariana Ojeda tiene un poco de las dos.
La ciclista de Esquel se consagró campeona iberoamericana de XCM en Atacama, Chile, representando a la Argentina en una de las competencias más exigentes de su carrera.
Pero detrás del oro hubo meses de esfuerzo silencioso, entrenamientos en medio del frío patagónico, competencias previas para evaluarse físicamente, pagos realizados “de a poquito” para poder viajar y una familia entera acompañando el sueño: “Obtener un oro para mi país y para mi ciudad es un sueño cumplido”, expresó emocionada.

Un desafío extremo en el desierto chileno
La competencia comenzó a más de 2.400 metros sobre el nivel del mar y puso a prueba a cada corredor desde el primer kilómetro.
Mariana llegó apenas cinco días antes para intentar adaptarse a la altura, sin haber tenido la posibilidad de realizar una preparación específica en montaña.
El circuito del Iberoamericano incluyó cerca de 75 kilómetros atravesando lugares icónicos como el Valle de la Luna, Las Cornisas y Catarpe, en medio de arena, piedras, ríos y sectores técnicos extremadamente complejos: “Nunca había corrido en un lugar así. Fue todo nuevo”, contó.
En plena carrera, mientras peleaba los primeros puestos, sufrió una fuerte caída al engancharse en un pelotón: “Volé de la bici. Nunca había tenido una caída así”, recordó.
Golpeada, con dolor y sin saber en qué posición había quedado, decidió seguir adelante: “Solo me aferré a las ganas de llegar”, relató.
Horas después, ya descansando en la cabaña, recibió la noticia más esperada: era campeona iberoamericana.

El sueño detrás del sacrificio
Mariana retomó las competencias este año luego de un tiempo de pausa por cuestiones personales.
Volvió poco a poco, ganando en Comodoro, subiendo al podio en Río Pinto y consolidando nuevamente un nivel competitivo que terminó explotando en Chile.
Detrás del resultado hay ocho años de trabajo junto a su entrenador, Sebastián Quiroga, oriundo de Tucumán: “Arranqué grande, después de los 30 años, y fue un proceso de muchísimo aprendizaje”, explicó.
También hubo entrenamientos en rodillo, días de humo, frío, cansancio y el enorme esfuerzo económico de toda una familia para poder estar presente en el campeonato.

La otra cara del deporte
Después de conquistar el oro en la primera etapa, Mariana decidió continuar el desafío completo de Atacama Challenger, una prueba de cuatro etapas.
Sin embargo, el desgaste físico y una bronquitis terminaron frenando su participación.
Aunque inicialmente creyó que se trataba solo del cansancio y la altura, su estado empeoró rápidamente hasta obligarla a abandonar la competencia y recibir atención médica: “Es la primera vez que me tengo que bajar de una carrera por algo así”, contó.
Actualmente realiza tratamiento con antibióticos y broncodilatadores, mientras intenta recuperarse físicamente.
Aun así, el orgullo permanece intacto: “Ahora que tengo el jersey y la medalla recién empiezo a caer de lo que logramos”, confesó.
Porque aunque el cuerpo no le permitió terminar todas las etapas, el objetivo principal ya estaba cumplido.
El oro iberoamericano quedó en manos de una ciclista nacida en la Patagonia, formada en las calles y senderos de Esquel, que transformó años de sacrificio en una historia imposible de olvidar.

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