La clasificación de Argentina a los cuartos de final del Mundial quedará marcada por mucho más que el resultado. Después de un partido cargado de tensión, con una remontada que quedará en la historia y un 3 a 2 sobre Egipto que desató el festejo en todo el país, las imágenes de Lionel Messi llorando recorrieron el mundo.
¿Por qué un futbolista que lo ganó todo se emociona de esa manera? ¿Y por qué millones de personas sintieron un nudo en la garganta al verlo?
Para la licenciada Huenú Mastronardi, psicóloga especializada en evaluación y entrenamiento psicodeportológico, la respuesta va mucho más allá del deporte.
«En Argentina no hablamos solamente de fútbol. Acá conviven dos fenómenos: la mentalidad de alto rendimiento y un enorme fenómeno social», explicó en diálogo con Dante Lobos en el programa Otra vuelta de tuerca (lunes a viernes de 9 a 11 por Canal 4 y FM Sol 94.7).

Mucho más que un partido
Mastronardi sostiene que el fútbol funciona como un espejo donde los argentinos proyectan sus propias historias.
«Se escucha todo el tiempo eso de ‘nacimos para sufrir’, que los jugadores vienen del potrero, que salieron adelante. En un contexto social complejo, esa identificación aparece casi de manera inmediata», señaló.
Según explicó, cuando una selección logra revertir una situación adversa, también despierta una sensación colectiva de esperanza. «No es solamente ganar un partido. Es sentir que, cuando parece que todo está perdido, todavía se puede salir adelante.»

El liderazgo que cambió la Selección
Uno de los aspectos que más destacó fue el modelo de conducción que representan Messi y Scaloni. Lejos de los liderazgos autoritarios, observa un estilo basado en la participación, la confianza y el trabajo colectivo. «Ellos hablan permanentemente del equipo, no de ellos mismos. Se muestran desde un lugar mucho más humano y equilibrado.»
Ese equilibrio, explicó, es justamente una de las habilidades psicológicas más difíciles de entrenar en el alto rendimiento. «No se trata de ser soberbio cuando las cosas salen bien ni derrotista cuando salen mal. Se trata de sostener la confianza y seguir tomando buenas decisiones bajo presión.»
Un equipo vale más que la suma de sus figuras
Desde la psicología deportiva existe una diferencia clara entre un grupo y un verdadero equipo.
Mastronardi explicó que un equipo genera algo que ninguna individualidad puede conseguir por sí sola. «No es solamente tener a Messi, Paredes o cualquier otra figura. Cuando realmente existe un equipo aparece un plus, un clima emocional que potencia a todos.»
Y eso, asegura, fue una de las claves del partido.
Mientras Argentina atravesaba los momentos más difíciles, no aparecieron los reproches ni el descontrol emocional. «Esa estabilidad no surge de un día para otro. Es el resultado de años de trabajo.»


Las lágrimas de Messi
La imagen que más conmovió fue la de Messi llorando tras el triunfo. Para la psicóloga, ese instante tiene un enorme valor simbólico. «Antes que un futbolista, estamos viendo a un ser humano.»
Lejos de mostrar debilidad, considera que esa escena habilita algo profundamente necesario. «Necesitamos modelos de personas antes que modelos de éxito. En tiempos donde las redes sociales muchas veces muestran perfección permanente, volver a la humanidad es indispensable.»
También destacó un mensaje que Messi repite con frecuencia. «A mí me gusta jugar al fútbol.»
Una frase sencilla que, según Mastronardi, vuelve a poner en el centro algo que el deporte nunca debería perder: el disfrute.

También nosotros necesitamos respirar
La especialista confesó que mientras veía el partido también observaba sus propias reacciones. «Si a mí, que estoy sentada a miles de kilómetros de la cancha, me pasa todo esto, imaginemos lo que vive un deportista dentro del campo.»
Por eso recordó una de las herramientas más importantes que trabaja con los atletas de alto rendimiento: la respiración. «Parece una pavada, pero respirar ayuda a regular las emociones, recuperar el equilibrio y permanecer en el presente.»
Una técnica que, reconoce entre risas, también terminó utilizando durante el sufrimiento que vivieron millones de argentinos frente al televisor.
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