La recuperación tras el fuego: qué pasa con los bosques y qué se puede hacer

La técnica forestal del INTA Esquel, Teresa Schinelli, explicó en OVDT que la recuperación de los bosques incendiados es un proceso de muy largo plazo, donde el suelo cumple un rol central y la intervención humana debe ser estratégica y limitada.

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Mientras aún hay incendios activos en la región cordillerana de Chubut, empieza a instalarse una inquietud inevitable: qué ocurre con los bosques después del fuego y si es posible recuperarlos. De ese tema habló con Dante Lobos en OVDT, la técnica universitaria forestal Teresa Schinelli, especialista en fertilidad de suelos y trabajadora del INTA desde 1997, con experiencia en restauración post incendio, producción de plantines forestales y manejo de datos meteorológicos.

“La primera imagen que vemos es que donde había bosque ahora no hay nada”, explicó, pero advirtió que la pérdida va mucho más allá del paisaje.

Schinelli remarcó que el bosque cumple funciones clave que muchas veces pasan inadvertidas. “La cobertura boscosa intercepta la lluvia, la filtra como una esponja y permite que el agua llegue limpia a las napas y a los arroyos”, señaló.

En zonas montañosas, como la cordillera chubutense, la ausencia de vegetación implica un riesgo mayor: sin raíces que sostengan el suelo, se acelera la erosión, se pierde tierra fértil y el agua baja turbia y con mayor carga de minerales, lo que la vuelve no apta para consumo humano.

“Ese problema, el del agua y el suelo, es casi más grave que no tener paisaje”, subrayó.

La clave: la recuperación empieza por el suelo

Uno de los conceptos centrales de la entrevista fue que sin suelo no hay bosque posible. Tras un incendio severo, el suelo pierde materia orgánica, nutrientes y estructura, quedando como un polvo suelto incapaz de sostener nuevas plantas.

“No hay que salir corriendo a plantar apenas empieza el otoño. Hay sectores donde la ceniza ni siquiera se puede agarrar con la mano, y ahí ninguna raíz puede establecerse”, explicó.

En pendientes pronunciadas, además, el riesgo de deslizamientos y arrastre de material hace inviable cualquier intervención temprana.

Dejar lo que quedó: troncos, ramas y árboles quemados

Schinelli fue contundente respecto a una idea frecuente: no es recomendable retirar la madera quemada.

“Todo el material remanente cumple funciones fundamentales”, explicó. Los troncos y ramas disminuyen el impacto de la lluvia, frenan la velocidad del viento, generan sombra que conserva humedad y crean micrositios más estables para la regeneración.

Además, algunas especies pueden rebrotar desde partes del tronco que no fueron totalmente quemadas, por lo que removerlas implica perder esa posibilidad.

Qué especies rebrotan y cuáles no

En los bosques andino-patagónicos, no todas las especies responden igual al fuego.

Pueden rebrotar:

  • Ñire
  • Radal
  • Maqui
  • Calafate
  • Maitén
  • Pañil

No rebrotan y solo vuelven por semilla:

  • Lenga
  • Coihue
  • Ciprés

“Si en una gran superficie se quemaron todos los árboles semilleros, esa especie probablemente no vuelva nunca a ese lugar, salvo con plantaciones muy puntuales”, advirtió.

Plantar sí, pero con estrategia

La especialista aclaró que reforestar miles de hectáreas no es viable. A modo de ejemplo, recordó el incendio de Cholila en 2015, donde se quemaron unas 40 mil hectáreas.

Allí se realizaron acciones estratégicas, no masivas: plantaciones en cabeceras de cuencas, márgenes de arroyos y zonas críticas de erosión, con articulación entre INTA, universidades, provincia y la comunidad.

“No se restauró el bosque, se hicieron intervenciones puntuales para evitar daños mayores”, explicó.

Un proceso que excede generaciones

Schinelli fue clara al hablar de los tiempos: “El bosque volverá a ser lo que era recién después de tres o más generaciones”. En muchos sectores, especialmente dentro de Parques Nacionales y áreas de reserva estricta, no habrá intervención humana, por lo que la recuperación quedará exclusivamente en manos de la naturaleza.

Además, advirtió que la pérdida del bosque implica también perder su capacidad de amortiguar temperaturas, lo que hará que los fenómenos climáticos se perciban de forma más extrema.

Como mensaje final, la técnica del INTA pidió canalizar la voluntad de ayudar con información y planificación.

“La energía de querer hacer algo es valiosa, pero si no se hace bien puede fracasar y generar frustración. Lo poco que podemos hacer, tratemos de hacerlo bien”, señaló, e invitó a consultar a INTA y otras instituciones técnicas antes de intervenir.

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