La feria de la Don Bosco: entre la necesidad de vender y la búsqueda de precios accesibles

Creada en 2017 como respuesta a la crisis económica y la falta de empleo, la Feria de la calle Don Bosco continúa siendo uno de los espacios comerciales y sociales más importantes de Esquel. Canal 4 recorrió el predio y dialogó con feriantes y visitantes que coincidieron en una realidad: vender cuesta más, pero sigue siendo una herramienta fundamental para sostener la economía familiar.

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La Feria de la calle Don Bosco nació en febrero de 2017 como una iniciativa comunitaria impulsada por vecinos que buscaban generar ingresos en un contexto de dificultades económicas y falta de empleo.

Con el paso de los años, el espacio creció hasta transformarse en uno de los principales paseos de compras populares de Esquel, donde emprendedores, familias y vecinos encuentran una alternativa basada en la economía circular, los precios accesibles y el trabajo autogestivo.

Cada fin de semana cientos de personas recorren sus puestos en busca de ropa, alimentos, artículos usados, herramientas y una amplia variedad de productos.

«Siempre se vende algo»

Dominga Barrientos lleva tiempo participando de la feria vendiendo ropa que recibe mediante donaciones.

Aunque reconoce que la situación económica es compleja, mantiene una mirada optimista: “Siempre se vende algo”, resumió, destacando que los ingresos obtenidos le permiten afrontar gastos cotidianos.

Su experiencia refleja una realidad compartida por muchos feriantes: las ventas fluctúan según el movimiento de gente, el clima y el momento económico, pero la feria continúa siendo una fuente de ingresos necesaria.

Jubilaciones que no alcanzan

Uno de los testimonios más contundentes fue el de una jubilada que explicó que continúa trabajando pese a haber alcanzado la edad de retiro.

Según relató, los ingresos previsionales se destinan casi exclusivamente al pago de servicios, mientras que la venta de productos en la feria le permite complementar sus ingresos y ayudar a sus hijos.

La situación expuesta evidencia una realidad cada vez más frecuente entre adultos mayores que encuentran en estos espacios una alternativa para sostener la economía familiar.

Jóvenes que venden para cumplir sus proyectos

La feria también es un espacio para los más jóvenes.

Lina, estudiante que cursa su último año de secundaria, contó que participa vendiendo ropa y bolsos para reunir dinero destinado a sus futuros estudios.

Sin embargo, señaló que las ventas estuvieron lejos de las expectativas: “Estoy desde las diez de la mañana y vendí una sola cosa”, comentó durante la recorrida.

Su objetivo es ahorrar para iniciar una carrera vinculada a las fuerzas de seguridad, demostrando que detrás de cada puesto existen proyectos personales y sueños por cumplir.

Compradores que buscan cuidar el bolsillo

La realidad económica también se refleja entre quienes recorren la feria.

Una familia que visitaba el predio explicó que suele acercarse para comprar ropa para los niños y aprovechar los precios más bajos que ofrece este espacio.

Además, remarcaron la importancia de los puestos de frutas y verduras, que suelen representar una diferencia significativa respecto de los precios que se encuentran en otros comercios.

La búsqueda de alternativas más económicas aparece como una constante entre los visitantes.

Menos ventas que en verano

Entre quienes comercializan alimentos caseros, el diagnóstico es similar.

María, quien ofrece panificados, empanadas y otros productos elaborados, aseguró que la actividad disminuyó considerablemente en comparación con los meses de verano: “Bajó mucho la venta”, señaló, aunque destacó que conserva una clientela habitual que sigue acompañando su trabajo.

La mujer explicó que además de desempeñarse como empleada doméstica necesita generar ingresos extra para afrontar los gastos de sus hijos.

La mirada de quienes apuestan a seguir

No todos los testimonios reflejan el mismo panorama.

Clara, feriante proveniente de Trevelin, aseguró que si bien la situación económica se siente y las ventas son menores que años anteriores, continúa trabajando cada fin de semana con resultados positivos: “Hay una decadencia de falta de plata, pero se vende”, resumió.

Con más de un año participando de la feria, destacó que logró construir una clientela propia y valoró el espacio como una oportunidad laboral concreta para muchas personas.

Mucho más que un lugar para comprar

Más allá de la actividad comercial, la Feria de la calle Don Bosco se consolidó como un punto de encuentro social y comunitario.

Para muchos vecinos representa una posibilidad de generar ingresos, para otros una alternativa para encontrar productos a menor costo y para todos un espacio que refleja, cada fin de semana, la realidad económica de la ciudad.

Entre puestos de ropa, alimentos, artículos usados y emprendedores locales, la feria continúa creciendo como un lugar donde el trabajo, el esfuerzo y la solidaridad forman parte de una misma historia.

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