Extrañaban las tortas fritas del sur y terminaron abriendo un local que ya es un clásico cordobés

Lo que empezó como una búsqueda desesperada de tortas fritas en Córdoba terminó convirtiéndose en un emprendimiento familiar que hoy reúne a patagónicos de toda la región. Lauro y Lighuen, oriundos de Esquel y Trevelin, contaron su historia en diálogo con Dante Lobos en Otra vuelta de tuerca. Mirá la entrevista completa al final de esta nota.

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Todo empezó con una sorpresa que cualquier patagónico entendería. Recién llegado a Córdoba, Lauro salió a buscar tortas fritas para acompañar unos mates y descubrió que algo tan común en el sur prácticamente no existía. ¿Cómo puede ser que no haya tortas fritas?

Eso fue exactamente lo que pensó Lauro, un joven de Esquel que llegó a Córdoba para estudiar y, como cualquier patagónico en una tarde de mate, salió a buscar unas tortas fritas en la panadería.

No encontró ni una. Lo que parecía una simple anécdota terminó convirtiéndose en un emprendimiento que hoy reúne a cientos de sureños lejos de casa.

Mientras en la Patagonia son una presencia habitual en panaderías, reuniones familiares y días de lluvia, en Córdoba el reinado lo tienen los criollitos y otras especialidades locales. La sorpresa fue tan grande que, entre mates y charlas, junto a Lighuen (su pareja, oriunda de Trevelin) decidieron probar suerte haciendo algunas tortas fritas para otros sureños que seguramente extrañaban los sabores de su tierra.

De un balcón a un local propio

La aventura comenzó en un departamento de Nueva Córdoba. Una lata de dulce de batata, una pequeña garrafa y pedidos que llegaban a través de las redes sociales fueron los primeros ingredientes del proyecto.

Lo que parecía una actividad de domingo para estudiantes empezó a crecer rápidamente. Los clientes llegaban desde distintos rincones de la Patagonia: Chubut, Santa Cruz, Río Negro, Neuquén y La Pampa. Muchos eran jóvenes que estudiaban lejos de casa y encontraban en una simple torta frita un viaje directo a su infancia.

Con el tiempo llegaron un disco más grande, nuevos equipos y, finalmente, el sueño que Lighuen repetía desde el comienzo: abrir un local.

Hoy Araucaria – Almacén de Tortas Fritas funciona en pleno centro de Córdoba, a pocas cuadras del Patio Olmos, calle Independencia 420, y se convirtió en un punto de encuentro para quienes buscan un pedacito del sur en el corazón mediterráneo.

Mucho más que una torta frita

Además de las tradicionales, ofrecen versiones rellenas con dulce de leche, membrillo, batata, Nutella, pistacho y opciones saladas como jamón y queso, caprese, fugazzeta o roquefort.

También recuperaron otros clásicos difíciles de encontrar fuera de la Patagonia, como los calzones rotos, las caritas sucias y las tortas fritas azucaradas.

Pero, según cuentan, lo más valioso no pasa por el mostrador.

«Nos ha pasado que gente se pone a llorar cuando prueba una torta frita porque le recuerda a su abuela o a su mamá», relató Lighuen durante la entrevista.

Un emprendimiento con raíces

Ninguno de los dos estudió panadería. Ella cursaba Psicopedagogía y él se recibió como profesor de Música. Sin embargo, decidieron apostar de lleno al proyecto que construyeron con recetas familiares, consejos de panaderos amigos y mucho trabajo.

Hoy Araucaria da empleo a varias personas y sigue creciendo, aunque conserva la misma idea que le dio origen: llevar un pedacito de la Patagonia a quienes la extrañan.

Y todo comenzó porque un día alguien entró a una panadería cordobesa preguntando por tortas fritas.

Mirá la entrevista completa con Lauro y Lighuen, dueños de Araucaria – Almacén de Tortas Fritas, en Otra vuelta de tuerca, por Canal 4 y FM Sol 94.7:

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