No son golondrinas, pero llegan puntuales. Las cachañas (esas pequeñas cotorras andinas de cuerpo verde, cola azul y chillido persistente), comienzan a aparecer cada invierno en las calles, veredas y árboles de Esquel. Y con ellas, el rumor: “Cuando aparecen las cachañas, se viene la nevada”. ¿Casualidad o ciencia popular?
Aunque no hay estudios concluyentes que prueben que su llegada anticipe las nevadas, sí hay certezas sobre su comportamiento: estas aves descienden desde zonas más altas en busca de alimento y abrigo cuando bajan las temperaturas, muchas veces precediendo sistemas meteorológicos fríos. Así, la tradición oral parece tener una base observacional: su presencia coincide, aunque no provoca ni predice, con los frentes fríos invernales, ¡con la mismísima nieve!
Un canto silvestre entre autos y veredas
Pero no todo es mito ni poesía urbana. En su paso por las ciudades, las cachañas se exponen a peligros cada vez más frecuentes: tránsito vehicular, tendidos eléctricos, mascotas sueltas y basura. Se las ve caminar por la calle, buscar semillas en las veredas o amontonarse en los árboles del centro.
Su presencia nos invita a detener el paso, a escuchar, a cuidar. Porque la naturaleza también transita la ciudad y depende de nosotros para sobrevivir.
Una invitación al cuidado
Desde los grupos de avistaje y protección de aves, se pide a la comunidad que no las moleste ni las intente alimentar, que respete sus tiempos y movimientos. Las cachañas son fauna silvestre protegida, y como tal, su respeto es ley y es deber.

(La foto de portada es de Cristina Ríos y está publicada en el facebook de CoaDiucon Comarca Los Alerces)
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