A un año del incendio que comenzó el 15 de enero de 2025 en Epuyén, una imagen tomada en la zona afectada encendió nuevamente las alarmas. Lo que a simple vista podría parecer una recuperación del bosque es, en realidad, una invasión masiva de plántulas de pino, una especie exótica altamente inflamable.
La publicación difundida por los Bomberos Voluntarios de Epuyén fue contundente: decenas de plántulas por metro cuadrado, algunas con hasta 20 centímetros de altura en apenas un año, creciendo sobre un suelo liberado por el fuego, con nutrientes disponibles y sin competencia de vegetación nativa.
“Lo que hoy parece un bosque joven, en realidad es la gestación del próximo gran desastre ambiental”, advirtieron desde el cuartel.
“No son bosques, son monocultivos”
En diálogo con Dante Lobos en Otra vuelta de tuerca (Canal 4, FM Sol), Daniel Díaz, presidente de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Epuyén y bombero con casi 20 años de experiencia, explicó por qué el fenómeno preocupa cada vez más al personal que combate incendios en la cordillera.
“Esto no es recuperación del bosque. No son bosques, son monocultivos. El bosque tiene distintos estratos y diversidad; en estas forestaciones lo único que hay es pino, no deja crecer otra cosa y cambia incluso la composición del suelo”, señaló.
Según detalló, en las zonas recorridas tras el último incendio se registró una densidad de entre 15 y 30 plántulas por metro cuadrado, una cifra que anticipa la formación de masas forestales continuas y altamente combustibles en pocos años.

El comportamiento del fuego en los pinos
Díaz remarcó que el problema no es el origen del incendio -que es multicausal– sino el comportamiento extremo del fuego cuando se propaga en plantaciones de pino sin manejo.
“El fuego se mueve muy rápido en este tipo de plantaciones. Es una madera blanda, arde con facilidad y genera incendios muy difíciles de controlar”, explicó.
Además, señaló una característica clave de estas especies:“El pino está adaptado al fuego. Las altas temperaturas abren sus conos y liberan las semillas. Después el suelo queda disponible para que germinen. Es exactamente lo que necesita para proliferar”.
El resultado es un círculo vicioso: incendio, invasión de pinos, acumulación de combustible y un nuevo incendio aún más severo.

Riesgo ambiental, hídrico y social
Desde Bomberos también advirtieron sobre otros impactos menos visibles, pero igualmente graves.
“Un pino con un tronco de 30 centímetros puede consumir hasta 200 litros de agua por día. Eso deshidrata el suelo, afecta las napas superficiales y desplaza al bosque nativo”, indicó Díaz.
Esta situación incrementa el riesgo no solo ambiental, sino también para las viviendas y la vida de las personas, especialmente en zonas de interfase urbano-rural, cada vez más frecuentes en la cordillera chubutense.

Prevención y políticas públicas
Consultado sobre si esta advertencia está llegando a quienes deben tomar decisiones, Díaz confirmó que existen avances, aunque todavía insuficientes.
“Se está trabajando con organismos locales, ONG y desde el propio cuartel en un proyecto de ordenanza para regular las forestaciones de pino. Esperamos que avance este año y tenga sentido preventivo”, señaló.
El mensaje es claro: hay que actuar ahora.“En 15 o 20 años -o incluso menos- esto puede transformarse en un riesgo total para la zona. Hay cosas que se pueden prever y hacer a tiempo”, concluyó.
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