A puro corazón: la Escuela 727, centro de apoyo clave ante los incendios en Cholila

Mientras los focos activos rodean la localidad, la Escuela N° 727 se transformó en un centro neurálgico de apoyo logístico, con voluntarios y voluntarias que todos los días acompañan a brigadistas y bomberos en una tarea solidaria sin descanso. Acompañanos en este recorrido por la escuela y escuchá el testimonio de la valiosa gente que trabaja en forma solidaria.

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Cholila atraviesa semanas críticas por los incendios forestales que avanzan en distintos sectores: Lago Rivadavia, Villa El Blanco y, más recientemente, la zona del Río Tigre–Lago Cholila, este último más alejado del casco urbano pero igualmente preocupante.

En ese contexto, la Escuela N° 727 se transformó en un verdadero centro de apoyo logístico, sostenido por el trabajo incansable de vecinos y vecinas voluntarias que, día tras día, organizan donaciones, preparan viandas y asisten a quienes combaten el fuego en el territorio.

Aulas convertidas en centros de acopio

Las aulas dejaron de cumplir su función habitual para reconvertirse en espacios de acopio cuidadosamente organizados. Ropa de trabajo, borcegos, guantes homologados, antiparras, cascos y herramientas se clasifican por sectores, en un sistema que permite responder rápidamente a las necesidades de cada cuadrilla.

Parte de los insumos provienen de donaciones solidarias llegadas desde distintos puntos del país, mientras que otros fueron adquiridos mediante colectas locales impulsadas por la comunidad. “Esto va circulando todo el tiempo: vienen, llevan lo que necesitan y seguimos”, explicaron las voluntarias durante el recorrido.

Botiquines y asistencia sanitaria para los brigadistas

Uno de los espacios clave es el sector de farmacia, donde se arman botiquines personales para brigadistas y bomberos. Allí se concentran elementos de higiene, barbijos, colirios y productos específicos como platzul, fundamentales para el tratamiento de quemaduras y afecciones derivadas del humo.

La organización logística permitió pasar del caos inicial a un esquema ordenado, donde cada brigadista sabe que puede acercarse y encontrar lo que necesita para seguir trabajando en condiciones extremas.

La cocina que no descansa: hasta 250 viandas por día

El corazón del operativo late en la cocina de la escuela, que funciona todos los días desde hace semanas. Coordinada por Zulma, junto a un equipo rotativo de colaboradores, allí se elaboran entre 200 y 250 viandas diarias, destinadas a brigadistas y bomberos que operan en distintos frentes.

Hamburguesas, milanesas, pollo, tartas y tortillas forman parte de un menú que cambia según los insumos disponibles. Las jornadas comienzan temprano y se extienden, muchas veces, hasta bien entrada la tarde, incluyendo fines de semana.

Un pueblo movilizado frente al fuego

La escena se repite: familias enteras colaborando desde distintos frentes. Mientras algunos combaten el incendio, otros cocinan, organizan donaciones o clasifican insumos. “Todo el pueblo está ayudando en lo que puede”, coinciden los voluntarios, muchos de ellos afectados emocionalmente por la magnitud del desastre.

Según señalaron desde la organización, ya se empieza a pensar en el día después del fuego: alambrados destruidos, galpones quemados, pérdida de campos y la necesidad urgente de fardos para animales, en una zona donde el impacto productivo será profundo.

La escuela pública, abierta y al servicio de la comunidad

Docentes en actividad, jubilados y personal educativo sostienen este operativo solidario incluso durante el receso, reafirmando el rol de la escuela pública como espacio comunitario. “Nos necesitaban y acá estamos”, resumieron.

Mientras los incendios continúan y las condiciones cambian día a día, la Escuela 727 permanece abierta, convertida en símbolo de organización, solidaridad y compromiso colectivo frente a una de las situaciones más difíciles que vive Cholila.

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