Pinolandia: pinos, incendios forestales y crisis hídrica en la cordillera de Chubut

El investigador y docente jubilado de la UNPAT, Lino Pizzolón, advirtió que la expansión de plantaciones de pinos -una especie exótica- agrava la escasez de agua y potencia incendios cada vez más severos en la región cordillerana. “Mientras más pinos haya, menos agua vamos a tener”, alertó.

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La crisis hídrica que atraviesan Esquel, Trevelin y la Comarca Andina y la reiteración de incendios forestales de gran magnitud no son fenómenos aislados. Así lo explicó el magíster en Ecología Acuática Continental y profesor de Ciencias Naturales Lino Pizzolón, quien desde el 2020 investiga el impacto de las plantaciones de pinos sobre los ecosistemas cordilleranos.

Durante una entrevista con Dante Lobos en Otra vuelta de tuerca, Pizzolón retomó su trabajo “Bienvenidos a Pinolandia”, donde analiza los efectos de la pinificación del territorio y cuestiona la idea de que los incendios y la escasez de agua respondan únicamente al cambio climático.

“No es solo el cambio climático. También es el uso del suelo. Si a la merma de lluvias le sumamos cuencas llenas de pinos, estamos sembrando nuestra propia sequía”, afirmó.

Foto Agua Yala.

Pinos y agua: un vínculo directo

Desde una mirada científica, Pizzolón explicó que las plantaciones de pinos tienen un altísimo consumo de agua, muy superior al del bosque nativo.

“Un solo pino de unos 30 centímetros de diámetro puede evaporar alrededor de 100 litros de agua por día en condiciones normales. Con miles de pinos, eso significa un desecamiento de cuencas”, detalló.

En ese sentido, citó estudios comparativos realizados en Chile, donde existen más de tres millones de hectáreas forestadas, frente a cuencas similares con bosque nativo.

“La disminución del agua va del 35 al 65% en cuencas con pinos. Y en climas más secos, como este lado de la cordillera, la caída del caudal es aún mayor”, señaló.

Según indicó, investigaciones en la zona de El Maitén muestran que una cuenca altamente pinificada puede perder hasta el 60% del caudal de un río, un impacto que luego se refleja directamente en el sistema de agua potable.

Crisis hídrica en Esquel y Trevelin

Pizzolón remarcó que la problemática no se limita a la Comarca Andina y alcanza también a la región de Esquel y Trevelin, donde se avanza con plantaciones incluso en cuencas estratégicas.

“La cuenca del arroyo Esquel es la fuente de agua de la ciudad. Si además de menos nieve y menos lluvias la llenamos de pinos, el resultado es menos agua en la canilla”, explicó.

Incendios Pto. Patriada Chubut © Matias Garay/Greenpeace.

Incendios forestales: el combustible perfecto

Además del impacto hídrico, el investigador advirtió que los pinos exóticos son especies pirrófitas, es decir, altamente inflamables y adaptadas al fuego.

“Después de un incendio, las semillas de pino no se queman: se activan. Donde había mil pinos por hectárea, después del fuego pueden brotar 20 mil, 40 mil o incluso más”, describió.

En zonas como Puerto Patriada, estudios del CONICET registraron hasta 160 mil pinos jóvenes por hectárea luego de incendios sucesivos, generando un círculo vicioso.

“Se quema un pinar, crecen más pinos, viene un incendio peor y queda el suelo cada vez más degradado”, alertó.

“No son bosques: son desiertos verdes”

Pizzolón fue contundente al diferenciar el bosque nativo de las plantaciones.

“No son bosques, son plantaciones. Abajo no crece nada, tienen sustancias alelopáticas que inhiben otras especies. Son verdaderos desiertos verdes”, sostuvo.

También cuestionó el rol de los subsidios forestales y el mercado de bonos de carbono, que promueven estas plantaciones como una supuesta solución ambiental.

“Se trata de una estafa planetaria: no detienen el cambio climático y trasladan los impactos al sur global”, afirmó.

¿Qué hacer frente a la “megapinería”?

Pizzolón fue categórico al cuestionar el avance de un modelo de “megapinería” promovido por decisiones políticas que expandió pinos y eucaliptos sin medir sus consecuencias ambientales y sociales. Planteó la necesidad urgente de frenar nuevas forestaciones, intervenir sobre plantaciones abandonadas que hoy funcionan como focos de riesgo y avanzar en la erradicación de pinos invasores en cuencas, banquinas y zonas urbanas. Advirtió que, sin una voluntad política firme para revertir este esquema y restaurar el territorio con especies nativas, la cordillera seguirá expuesta a incendios cada vez más devastadores y a una crisis hídrica en profundización.

Sin desconocer el rol central del Estado, señaló que la dimensión del problema exige también compromiso comunitario. “El municipio solo no va a poder. Pero si cada vecino cuida un pedazo, suma”, expresó, y ejemplificó con su experiencia personal en Epuyén, donde debió retirar pinos del entorno de su vivienda tras constatar el riesgo que representaban frente al fuego.

Ciencia, política y compromiso social

Para el investigador, el escenario actual exige que la ciencia sea escuchada y que exista un compromiso real del Estado.

“Hace años que advertimos esto. Hoy los riesgos están presentes y son concretos. No se trata de alarmar, sino de reducir riesgos antes de que sea irreversible”, concluyó.

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